La modemidad como desarrollo global
En términos generales la modernidad ha sido el resutlado de un vasto transcurso histórico, que presentó tanto elementos de continuidad como de ruptura; esto quiere decir que su formación y consolidación se realizaron a través de un complejo proceso que duró siglos e implicó tanto acumulación de conocimientos, técnicas, riquezas, medios de acción, como la irrupción de elementos nuevos: surgimiento de clases, de ideologías e instituciones que se gestaron, desarrollaron y fueron fortaleciéndose en medio de luchas y confrontaciones en el seno de la sociedad feudal.
Se trata de un proceso de carácter global -de una realidad distinta a las precedentes etapas históricas- en la que lo económico, lo social, lo político y lo cultural se interrelacionan, se interpenetran, avanzana ritmos desiguales hasta terminar por configurar la moderna sociedad burguesa, el capitalismo y una nueva forma de organización política, el Estado-nación.
La modernidad surge en los ahora llamados "países centrales" (Europa occidental y, más tarde, Estados Unidos); luego, con el tiempo, se expande hasta volverse mundial y establecer con los países llamados "periféricos" una relación de dominación, de explotación y (le intercambio desigual, donde el centro desempeña el papel activo, impone el modo de producción capitalista (MPC) y destruye o íntegra (pero vaciándolas de su contenido y despojándolas de su significado) las estructuras precapitalistas autóctonas y tradicionales. Este proceso, que atraviesa por divesas etapas, desemboca en la actual generalización del mundo de la mercancía y en la consolidación de los Estados modernos.
La modernidad como ruptura histórica
La modernidad reviste características tales que, sin lugar a dudas, representa una ruptura con respecto a las formas anteriores. Las formaciones precapitalistas eran sociedades predominantemente agrarias, en las que prevalecía el valor de uso y la economía natural y los objetos producidos eran concretos y variados, concebidos para durar. El hecho de que se tratara de sociedades más bien cerradas, aisladas y con escasas comunicaciones facilitó la formación de culturas muy diversas. Las relaciones sociales eran personales, directas e inmediatas, lo que evidentemente no excluía la explotación y la sujeción, inherentes a toda sociedad estatal, pues se trataba de sociedades jerarquizadas, cuya base de legitimidad política y social era religiosa y el poder sacralizado y absoluto.
El advenimiento del capitalismo significa el momento de ruptura y negación, en el que se privilegia el valor de cambio (mercantil) en detrimento del valor de uso, y la uniformización homogeneizante en menoscabo de la diversidad cultural. Con él surge un cambio del eje de actividades, de sociedades fundamentalmente agrarias a sociedades urbanas; el producto elaborado, al transformarse en mercancía, adquiere una significación abstracta, al mismo tiempo que pierde su condición de objeto durable y variado.
Las relaciones sociales muestran una nueva opacidad debido a la aparición de intermediaciones (desde la mercancía hasta el Estado) que tienden a adquirir una existencia autónoma y en consecuencia a fetichizarse, generando una enajenación económica y política. La base de legitimidad socio-política se fundamenta en la racionalidad; el poder condensado en el Estado se vuelve impersonal y está definido por instituciones y constituciones. De lo concreto se pasa a lo abstracto; de lo transparente a lo opaco; de lo inmediato a lo mediato; de lo diferente y variado a lo homogéneo.
Dos características de la modernidad
Para comprender cómo se introduce la modernidad en un país como México es conveniente subrayar dos rasgos del proceso:
1. su carácter global y acumulativo (desarrollo de técnicas, conocimientos, instrumentos, clases, ideologías, instituciones, etc.).
2. su carácter expansivo (proceso que se origina en Europa occidental y luego se propaga como forma imperialista por todo el mundo).
Como producto de un desarrollo interno, la nueva clase burguesa se fue constituyendo y consolidando junto con el proceso global de acumulación, en medio de luchas y enfrentamientos -que se libraron en todos los ámbitos de la praxis social- contra la nobleza y el sistema feudal, situación que confirió a esta clase un papel activo y revolucionario. En este combate fue ganando parcelas de poder (hasta terminar por conquistarlo por completo), a la vez que iba elaborando un pensamiento crítico (racional) y una práctica de participación democrática, apareciendo nuevos proyectos de organización social y política. Proyectos, leyes e instituciones que se encuentran en íntima relación con las actividades productivas urbanas y las relaciones sociales que de ella surgen, y que, desde luego, no impedirán las actividades coactivas y represivas del nuevo Estado en formación, pero limitarán en cierta forma lo arbitrario.
Como forma expansiva imperialista, la modernización capitalista se mundializa (mediante un complejo proceso de integración-desintegración de las culturas a las que domina) aunque no deja de encontrar resistencias y antagonismos. Se impone sobre las formas precapitalistas existentes en los territorios conquistados destruyéndolas, o bien subordinándolas, transformándolas y utilizándolas. El proceso reviste en cada caso expresiones específicas, pero los determinantes que impulsan a la modernización en los países dominados son fundamentalmente externos e impuestos a través de medios diversos -entre los que se encuentran no sólo la coacción y la violencia, sino también el efecto de imitación, la mímesis entendida como "producción de tipos sociales que no se fundan en un conocimiento activo, sino en el reconocimiento pasivo y la asimilación (identificación o imitación) de este modelo"- por lo que ciertas prácticas sociales, ciertos hábitos culturales "importados" se ven asumidos de manera parcial e incompleta. Por lo que la modernización como resultado de la expansión del mundo de la mercancía es a veces más aparente que real o reviste un aspecto superficial y/o desigual.
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La modernidad como proceso histórico
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La razón como fundamento de la modernidad
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En el terreno de las ideas, la razón va a presidir el nacimiento del mundo moderno y a constituir su elemento de base. En la efervescente sociedad del siglo XVII, una racionalidad en un primer tiempo difusa y confusa -que se ha ido desprendiendo de la práctica capitalista desde sus inicios y que va a servir de fundamento a su pensamiento- se propaga, emerge de las urbes, de los diversos sectores de la burguesía. Nace del mundo de la mercancía que comienza a expandirse, del valor de cambio que sustiuye poco a poco al valor de uso, del dinero que reemplaza con su poder a la propiedad y renta de la tierra.
Para actuar y obtener ganancia, el comercio y la industria necesitan de la razón y de la racionalidad. La racionalidad es inmanente a la realidad de los nuevos tiempos y los filósofos formulan y sistematizan sus principios teóricos. En todos los dominios, ya se trate de la ciencia, de las creencias, de la moral o de la organización política y social, el principio de la razón va a sustituir a los principios que regían hasta ese momento, a saber, los de autoridad y tradición fundamentados religiosamente. El individuo quiere servirsede la razón en todo, desea examinar y conocer por medio de la razón.
Al referirse a las características del pensamiento de esa época, que abandona las preocupaciones teológicas para ocuparse de las terrenas, escribe Hegel:
El hombre adquiere confianza en sí mismo y en su pensamiento, en la naturaleza sensible fuera y dentro de él; encuentra interés y alegría en hacer descubrimientos en el campo de la naturaleza y en el de las artes. La inteligencia despierta para lo temporal; el hombre cobra conciencia de su voluntad y de su capacidad, mira con alegría a la tierra, a su suelo, a sus ocupaciones, viendo en ello algo justo e inteligente. ( ... ) Lo mundano quiere ser juzgado mundanamente y su juez es la razón pensante.
En sus inicios, durante los siglos XVI y XVII, el racionalismo es casi tan herético, en términos políticos, como la herejía religiosa representada por Pascal y el jansenismo. Se persigue a ambos: Tomás Moro es decapitado en 1533, Galileo (1564-1642) es condenado por la Inquisición, Descartes, en busca de más libertad, prefiere emigrar a Holanda. En esa época, las matemáticas y, sobre todo, la física al impugnar las concepciones teológicas tienen también un carácter subversivo.
El siglo XVIII, heredero del pensamiento de Descartes, marca con la Ilustración el triunfo del racionalismo, de la razón propagando sus luces, de la creencia en la evolución y el progreso. Los filósofos de este siglo exponen los principios del nuevo orden que se está gestando y que se encuentra en abierta oposición al ideal autoritario que habían impuesto la Iglesia y el Estado en el siglo XVII. La crítica de la religión y del régimen absolutista se hacen en nombre de la razón. De igual manera, para señalar la autonomía de la naciente sociedad burguesa respecto a la feudal -religiosa y dividida en estamentos- se difunde la noción de sociedad civil regida por el derecho civil. Este término sirve también para designar al tejido de relaciones que brotan alrededor de la práctica capitalista naciente y que tiene como base el intercambio, tanto material (objetos) como espiritual (ideas). La sociedad civil, contrapuesta a la sociedad religiosa, implica ya la existencia de una clase burguesa que se caracteriza tanto por la participación activa en la reivindicación de sus derechos y la preservación de sus intereses, como por la capacidad de organizarse sin la intromisión del Estado y de la religión.
De la crítica política que privilegia a lo civil frente a lo estatal brota un proyecto social de corte democrático-liberal. Para esta doctrina el Estado es un medio, no un fin, que sirve de marco al ordenamiento jurídico; por otro lado, la esfera de la vida privada y las libertades individuales deben permanecer inaccesibles al Estado.
De hecho, el racionalismo teórico dio forma conceptual a una realidad ya existente que luchaba por romper las trabas que impedían su pleno desarrollo. Es obvio que este pensamiento tenía sus limites, ya que el proyecto "universal" que defendía, se reducía en realidad al proyecto e intereses de una clase concreta, la burguesía. Sin embargo, las ideas aportadas por los filósofos de la Ilustración no pueden ser vistas simplemente como la expresión ideológica de las fuerzas nuevas que luchaban por emanciparse: su actitud crítica, su rechazo del absolutismo político y de la intolerancia tienen un contenido que sigue vigente.
Al impugnar el orden existente, propusieron ideas y proyectos que eran el condensado de luchas sociales e ideológicas de varios siglos, y en muchos casos rebasaron el marco de las demandas burguesas para volverse reivindicaciones simplemente humanas --como son el caso de los Derechos del Hombre, la democracia o el espíritu crítico- que deben ser defendidas y hacerse más extensas. En nuestros días, frente a la enorme concentración del poder, esas ideas cobran un nuevo valor y se vuelve preciso rescatarlas y vindicarlas como proyecto social.
Para actuar y obtener ganancia, el comercio y la industria necesitan de la razón y de la racionalidad. La racionalidad es inmanente a la realidad de los nuevos tiempos y los filósofos formulan y sistematizan sus principios teóricos. En todos los dominios, ya se trate de la ciencia, de las creencias, de la moral o de la organización política y social, el principio de la razón va a sustituir a los principios que regían hasta ese momento, a saber, los de autoridad y tradición fundamentados religiosamente. El individuo quiere servirsede la razón en todo, desea examinar y conocer por medio de la razón.
Al referirse a las características del pensamiento de esa época, que abandona las preocupaciones teológicas para ocuparse de las terrenas, escribe Hegel:
El hombre adquiere confianza en sí mismo y en su pensamiento, en la naturaleza sensible fuera y dentro de él; encuentra interés y alegría en hacer descubrimientos en el campo de la naturaleza y en el de las artes. La inteligencia despierta para lo temporal; el hombre cobra conciencia de su voluntad y de su capacidad, mira con alegría a la tierra, a su suelo, a sus ocupaciones, viendo en ello algo justo e inteligente. ( ... ) Lo mundano quiere ser juzgado mundanamente y su juez es la razón pensante.
En sus inicios, durante los siglos XVI y XVII, el racionalismo es casi tan herético, en términos políticos, como la herejía religiosa representada por Pascal y el jansenismo. Se persigue a ambos: Tomás Moro es decapitado en 1533, Galileo (1564-1642) es condenado por la Inquisición, Descartes, en busca de más libertad, prefiere emigrar a Holanda. En esa época, las matemáticas y, sobre todo, la física al impugnar las concepciones teológicas tienen también un carácter subversivo.
El siglo XVIII, heredero del pensamiento de Descartes, marca con la Ilustración el triunfo del racionalismo, de la razón propagando sus luces, de la creencia en la evolución y el progreso. Los filósofos de este siglo exponen los principios del nuevo orden que se está gestando y que se encuentra en abierta oposición al ideal autoritario que habían impuesto la Iglesia y el Estado en el siglo XVII. La crítica de la religión y del régimen absolutista se hacen en nombre de la razón. De igual manera, para señalar la autonomía de la naciente sociedad burguesa respecto a la feudal -religiosa y dividida en estamentos- se difunde la noción de sociedad civil regida por el derecho civil. Este término sirve también para designar al tejido de relaciones que brotan alrededor de la práctica capitalista naciente y que tiene como base el intercambio, tanto material (objetos) como espiritual (ideas). La sociedad civil, contrapuesta a la sociedad religiosa, implica ya la existencia de una clase burguesa que se caracteriza tanto por la participación activa en la reivindicación de sus derechos y la preservación de sus intereses, como por la capacidad de organizarse sin la intromisión del Estado y de la religión.
De la crítica política que privilegia a lo civil frente a lo estatal brota un proyecto social de corte democrático-liberal. Para esta doctrina el Estado es un medio, no un fin, que sirve de marco al ordenamiento jurídico; por otro lado, la esfera de la vida privada y las libertades individuales deben permanecer inaccesibles al Estado.
De hecho, el racionalismo teórico dio forma conceptual a una realidad ya existente que luchaba por romper las trabas que impedían su pleno desarrollo. Es obvio que este pensamiento tenía sus limites, ya que el proyecto "universal" que defendía, se reducía en realidad al proyecto e intereses de una clase concreta, la burguesía. Sin embargo, las ideas aportadas por los filósofos de la Ilustración no pueden ser vistas simplemente como la expresión ideológica de las fuerzas nuevas que luchaban por emanciparse: su actitud crítica, su rechazo del absolutismo político y de la intolerancia tienen un contenido que sigue vigente.
Al impugnar el orden existente, propusieron ideas y proyectos que eran el condensado de luchas sociales e ideológicas de varios siglos, y en muchos casos rebasaron el marco de las demandas burguesas para volverse reivindicaciones simplemente humanas --como son el caso de los Derechos del Hombre, la democracia o el espíritu crítico- que deben ser defendidas y hacerse más extensas. En nuestros días, frente a la enorme concentración del poder, esas ideas cobran un nuevo valor y se vuelve preciso rescatarlas y vindicarlas como proyecto social.
La modernidad en el siglo XX
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En nuestro siglo el vocablo modernidad es empleado también para designar a la nueva fase del capitalismo que se inicia alrededor de la década de los 20 y termina hacia la de los 80. Durante este período se observan múltiples y rápidas transforaciones entre las que podemos señalar:
1. Un desarrollo sin precedentes de la técnica y la ciencia.
2. Una gran capacidad de adaptación del sistema capitalista, con un neocapitalismo que asimila la racionalidad planificadora (postulada por el marxismo) y da prioridad a la organización, a la planeación, a la racionalidad técnica (lo que no quiere decir que se suprima la ley del desarrollo desigual, que subsiste y marca diferencias entre países, regiones, clases y grupos hegemónicos, ricos y desarrollados, y países, regiones, clases, grupos subordinados, pobres y subdesarrollados.
3. La organización y sistematización, tanto de las actividades productivas como de la sociedad en general, son realizadas mediante la intervención del Estado y de los tecnócratas, y en consecuencia el Estado crece, asume nuevas y múltiples funciones, adquiere un papel preeminente y se manifiesta y actúa sobre todos los ámbitos de la realidad social.
4. Todas estas transformaciones operan sobre lo social, incluyendo a la vida cotidiana, que pierde espontaneidad y naturalidad para terminar por ser programada, orgnizada, controlada. Se manipulan las conciencias, se desvía la energía creadora hacia el espectáculo, hacia la visión espectacular del mundo; es decir, se tiende al predomino de la apariencia sobre la realidad. La explotación organizada y programada de la sociedad se lleva a cabo no sólo en el trabajo, sino a través del consumo dirigido y manipulado mediante la publicidad.
Desde 1946 H. Lefebvre comienza a emplear el término "modernidad" para designar a la nueva realidad social, que habiendo comenzado a gestarse en el siglo XIX termina por revelarse plenamente y en toda su complejidad en el XX. El estudio de la vida cotidiana le sirve a este autor de hilo conductor para captar y analizar la modernidad, que comienza, según él, por lo que denomina "catástrofe silenciosa", cuando hacia 1910 en Europa se desmoronan y desaparecen los principales referenciales (valores y normas) de la práctica social. Cobra fin lo que parecía definitivamente estable, en particular, las nociones de espacioy tiempo. El antiguo espacio euclidiano y newtoniano es reemplazado en el terreno del conocimiento por el de la relatividad de Einstein; de igual manera, la representación del espacio sensible y la perspectiva se descomponen (Cezanne y el cubismo). En música, con la disolución del sistema tonal se pasa a la atonalidad. De forma similar, los sistemas (caracterizados por su organización y coherencia interna) se desintegran: la filosofía; la ciudad (como tradicional centro histórico); la familia junto con la figura del padre; e incluso la historia misma. Se trata, según Lefebvre, de una mutación singular que entonces no es percibida ni vivida como tal (salvo para los espíritus más lúcidos), puesto que estas transformaciones no afectan a lo cotidiano, donde sobrevivien las viejas representaciones de la realidad.
Del hundimiento de los valores europeos (que incluye el logos occidental, la racionalidad activa, el humanismo liberal, la filosofía y el arte clásico) emergen -prosigue Lefebvre- tres "valores" que van a presideir a la modernidad: la técnica, el trabajo y el lenguaje.
La técnica irá cobrando poco a poco una existencia autónoma -tal como sucede con el dinero y la mercancía- desarrollándose como potencia a la vez positiva y negativa, que transfoma lo real, pero también puede destruirlo.
El trabajo, por su parte, rivalizará con la técnica pero se irá desvalorizando en la medida en que el progreso de esta última permite suplantarlo (mediante la robotización).
El lenguaje a su vez, como discurso, va a aportar valores de reemplazo y sustitución; el discurso, sin otro referencial que sí mismo, no tendrá valor por su verdad o por su nexo con una realidad externa sino por su coherencia; el discurso se fetichiza, mientras su sentido se pierde, transformándose en mera retórica.
En los años 30 el papel del Estado se transforma: con el propósito de evitar las cirsis y mantener el crecimiento económico interviene en la economía mediante estrategias que implican coordinación, regulación, planificación, pero esta intervención sólo se volverá general hacia los años 50, después de la Segunda Guerra Mundial. El Estado adquiere entonces un papel dominante, la intervención económica para el crecimiento comporta una ampliación e intensificación del control burocrático sobre la sociedad, que se ejerce a través de instituciones y por medio de estrategias a las que hay que subordinarse y en las que se mezcla la represión y la tolerancia. Este control, que se extiende a la cultura y al conocimiento, se acompaña asimismo de políticas protectoras para los trabajadores mediante las cuales, a la vez que se reconoce, se logra neutralizar su fuerza política, conviertiéndolos en "asistidos" (dependientes de la asistencia y seguridades sociales que les otorga el Estado "benefactor" ).
En aquel tiempo (mediados del siglo), lo cotidiano comienza a ser penetrado por la técnica, el saber y la acción política, que aspiran a dirigir mediante una gestión racional la vida cotidiana. A causa del vertiginoso desarrollo y perfeccionamiento de los medios de comunicación (radio, teléfono, televisión, cine, etc.) una nueva opacidad se interpone en las relaciones sociales. Poco a poco se va acelerando el deslizamiento de lo concreto (que conserva una dimensión humana y es producto de una acción práctica inmediata con un sentido preciso) a lo abstracto (que, opuesto a lo concreto, es producto de intermediacíones que vuelven opaco el proceso del cual surge), operación que desembocará en un modo de elústencia social en la que lo abstracto adquiere una realidad concreta (ejemplo de ello es el poder del dinero, en particular de los flujos financieros: nada más abstracto y a la vez terriblemente concreto que la bolsa -como lo pudimos observar en octubre de 1987).
En la década de los 60 se vive un período de prosperidad y optimismo, se considera que gracias a la gestión racional llevada a cabo mediante la intervención del Estado pueden evitarse las crisis y el crecimiento será ilimitado. En el mismo lapso da comienzo una nueva revolución técnicocientífica que repercute principalmente en el desarrollo de la informática y la telemáfica, se realizan innovaciones que se aplican a la gestión y a la producción, los procesos del trabajo se modifican y el sector terciario se incrementa.
Al mismo tiempo asciende al poder la tecnocracia, cuya competencia y saber tienden a fetichizarse. Lo cotidiano es organizado, sus necesidades se programan, se catalogan, se suscitan. Mediante los medios de comunicación, la prensa y la televisión, la publicidad dice a la gente cómo se debe vivir para "vivir bien", lo que se debe comprar y porqué, el modo de empleo del tiempo y del espacio. Esta vasta operación genera un empobrecimiento de la vida cotidiana y la alienación del individuo aumenta; a través del "consumo burocráticamente dirigido" los media; valiéndose de la imagen, lo cuantitativo, lo repetitivo, la puesta en espectáculo, terminan por crear necesidades artificiales que derivan en el consumismo.
Durante el mismo período las firmas transnacionales se consolidan y crecen, se vuelven poderes supronacionales y empiezan a ejercer presiones sobre el Estado-nación. La frontera de la soberanía del Estado-nación se vuelve porosa, tiende a disolverse en "lo mundial" (que comienza a predominar).
1. Un desarrollo sin precedentes de la técnica y la ciencia.
2. Una gran capacidad de adaptación del sistema capitalista, con un neocapitalismo que asimila la racionalidad planificadora (postulada por el marxismo) y da prioridad a la organización, a la planeación, a la racionalidad técnica (lo que no quiere decir que se suprima la ley del desarrollo desigual, que subsiste y marca diferencias entre países, regiones, clases y grupos hegemónicos, ricos y desarrollados, y países, regiones, clases, grupos subordinados, pobres y subdesarrollados.
3. La organización y sistematización, tanto de las actividades productivas como de la sociedad en general, son realizadas mediante la intervención del Estado y de los tecnócratas, y en consecuencia el Estado crece, asume nuevas y múltiples funciones, adquiere un papel preeminente y se manifiesta y actúa sobre todos los ámbitos de la realidad social.
4. Todas estas transformaciones operan sobre lo social, incluyendo a la vida cotidiana, que pierde espontaneidad y naturalidad para terminar por ser programada, orgnizada, controlada. Se manipulan las conciencias, se desvía la energía creadora hacia el espectáculo, hacia la visión espectacular del mundo; es decir, se tiende al predomino de la apariencia sobre la realidad. La explotación organizada y programada de la sociedad se lleva a cabo no sólo en el trabajo, sino a través del consumo dirigido y manipulado mediante la publicidad.
Desde 1946 H. Lefebvre comienza a emplear el término "modernidad" para designar a la nueva realidad social, que habiendo comenzado a gestarse en el siglo XIX termina por revelarse plenamente y en toda su complejidad en el XX. El estudio de la vida cotidiana le sirve a este autor de hilo conductor para captar y analizar la modernidad, que comienza, según él, por lo que denomina "catástrofe silenciosa", cuando hacia 1910 en Europa se desmoronan y desaparecen los principales referenciales (valores y normas) de la práctica social. Cobra fin lo que parecía definitivamente estable, en particular, las nociones de espacioy tiempo. El antiguo espacio euclidiano y newtoniano es reemplazado en el terreno del conocimiento por el de la relatividad de Einstein; de igual manera, la representación del espacio sensible y la perspectiva se descomponen (Cezanne y el cubismo). En música, con la disolución del sistema tonal se pasa a la atonalidad. De forma similar, los sistemas (caracterizados por su organización y coherencia interna) se desintegran: la filosofía; la ciudad (como tradicional centro histórico); la familia junto con la figura del padre; e incluso la historia misma. Se trata, según Lefebvre, de una mutación singular que entonces no es percibida ni vivida como tal (salvo para los espíritus más lúcidos), puesto que estas transformaciones no afectan a lo cotidiano, donde sobrevivien las viejas representaciones de la realidad.
Del hundimiento de los valores europeos (que incluye el logos occidental, la racionalidad activa, el humanismo liberal, la filosofía y el arte clásico) emergen -prosigue Lefebvre- tres "valores" que van a presideir a la modernidad: la técnica, el trabajo y el lenguaje.
La técnica irá cobrando poco a poco una existencia autónoma -tal como sucede con el dinero y la mercancía- desarrollándose como potencia a la vez positiva y negativa, que transfoma lo real, pero también puede destruirlo.
El trabajo, por su parte, rivalizará con la técnica pero se irá desvalorizando en la medida en que el progreso de esta última permite suplantarlo (mediante la robotización).
El lenguaje a su vez, como discurso, va a aportar valores de reemplazo y sustitución; el discurso, sin otro referencial que sí mismo, no tendrá valor por su verdad o por su nexo con una realidad externa sino por su coherencia; el discurso se fetichiza, mientras su sentido se pierde, transformándose en mera retórica.
En los años 30 el papel del Estado se transforma: con el propósito de evitar las cirsis y mantener el crecimiento económico interviene en la economía mediante estrategias que implican coordinación, regulación, planificación, pero esta intervención sólo se volverá general hacia los años 50, después de la Segunda Guerra Mundial. El Estado adquiere entonces un papel dominante, la intervención económica para el crecimiento comporta una ampliación e intensificación del control burocrático sobre la sociedad, que se ejerce a través de instituciones y por medio de estrategias a las que hay que subordinarse y en las que se mezcla la represión y la tolerancia. Este control, que se extiende a la cultura y al conocimiento, se acompaña asimismo de políticas protectoras para los trabajadores mediante las cuales, a la vez que se reconoce, se logra neutralizar su fuerza política, conviertiéndolos en "asistidos" (dependientes de la asistencia y seguridades sociales que les otorga el Estado "benefactor" ).
En aquel tiempo (mediados del siglo), lo cotidiano comienza a ser penetrado por la técnica, el saber y la acción política, que aspiran a dirigir mediante una gestión racional la vida cotidiana. A causa del vertiginoso desarrollo y perfeccionamiento de los medios de comunicación (radio, teléfono, televisión, cine, etc.) una nueva opacidad se interpone en las relaciones sociales. Poco a poco se va acelerando el deslizamiento de lo concreto (que conserva una dimensión humana y es producto de una acción práctica inmediata con un sentido preciso) a lo abstracto (que, opuesto a lo concreto, es producto de intermediacíones que vuelven opaco el proceso del cual surge), operación que desembocará en un modo de elústencia social en la que lo abstracto adquiere una realidad concreta (ejemplo de ello es el poder del dinero, en particular de los flujos financieros: nada más abstracto y a la vez terriblemente concreto que la bolsa -como lo pudimos observar en octubre de 1987).
En la década de los 60 se vive un período de prosperidad y optimismo, se considera que gracias a la gestión racional llevada a cabo mediante la intervención del Estado pueden evitarse las crisis y el crecimiento será ilimitado. En el mismo lapso da comienzo una nueva revolución técnicocientífica que repercute principalmente en el desarrollo de la informática y la telemáfica, se realizan innovaciones que se aplican a la gestión y a la producción, los procesos del trabajo se modifican y el sector terciario se incrementa.
Al mismo tiempo asciende al poder la tecnocracia, cuya competencia y saber tienden a fetichizarse. Lo cotidiano es organizado, sus necesidades se programan, se catalogan, se suscitan. Mediante los medios de comunicación, la prensa y la televisión, la publicidad dice a la gente cómo se debe vivir para "vivir bien", lo que se debe comprar y porqué, el modo de empleo del tiempo y del espacio. Esta vasta operación genera un empobrecimiento de la vida cotidiana y la alienación del individuo aumenta; a través del "consumo burocráticamente dirigido" los media; valiéndose de la imagen, lo cuantitativo, lo repetitivo, la puesta en espectáculo, terminan por crear necesidades artificiales que derivan en el consumismo.
Durante el mismo período las firmas transnacionales se consolidan y crecen, se vuelven poderes supronacionales y empiezan a ejercer presiones sobre el Estado-nación. La frontera de la soberanía del Estado-nación se vuelve porosa, tiende a disolverse en "lo mundial" (que comienza a predominar).
Modernidad y mundialidad
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8:35
En la década de los 70 el sistema capitalista atraviesa por una aguda crisis, aumenta el precio del petróleo y, en consecuencia, hay inflación y desempleo, así como estancamiento de las actividades productivas tradicionales, todo esto hace que la ideología del crecimiento ilimitado se vea seriamente afectada.
Ahora bien, esta crisis que pareciera volverse permanente se acompaña de profundas y aceleradas transformaciones que podrían marcar el inicio de una nueva época, cuyos rasgos empiezan a precisarse en la década de los 80. Los nombres para designarla varían: sociedad posmoderna; de consumo; del productivismo y la tecnocracia; posindustrial; del neocapitalismo; informacional; cibernética; "nuevo orden mundial", etc.
Esta nueva etapa a la vez que prolonga modifica intensamente lo que H. Lefebvre denomina modernidad, dando lugar a lo que él mismo llama lo mundial. Aunque cabe preguntarse silo que este autor percibióy denominó modernidad fue solamente el preámbulo (transcurso en el que se fueron acumulando los elementos nuevos) a la nueva realidad (la modernidad devenida mundial) que se manifiesta de manera evidente desde los 80 en los países centrales y que, parece, anuncia el panorama del siglo XXI.
La nueva realidad se presenta como un sistema de alcance planetario (global y totalmente interdependiente) que conlleva una nueva división del trabajo, que mantiene e incluso agrava las desigualdades, y en la que se produce una relación jerarquizada de explotación y dominio entre países centrales (hegemónicos), sede de los poderes políticos transnacionales, y los países periféricos (subordinados), también llamados subdesarrollados o del tercer mundo. Los primeros toman la decisiones fundamentales a través de estrategias que se ejercen sobre los segundos, a corto, mediano y largo plazo; estos últimos, constreñidos por la crisis, la deuda y la forzosa dependencia económica, deben tomar a éstas en cuenta para formular y ejecutar sus planes de gobierno.
Hay que señalar que la división entre centro (hegemónico) y periferia (subordinada) no se da solamenteentre países, sino también entre regiones, clases y grupos sociales; es así como en el seno de los países centrales se observan regiones periféricas y marginadas, lo mismo sucede en el espacio de las grandes ciudades y con ciertos grupos sociales abandonados a su suerte. En sentido inverso, en los países periféricos (subordinados) se advierten islotes de riqueza, poder y consumo análogos a los que se encuentran en los países centrales.
Hemos dicho que el nuevo orden se define por su mundialización e interacción, donde todo depende de todo. El acelerado desarrollo técnico que lo caracteriza genera cambios profundos: el automóvil deja de ser eje de las actividades productivas; los sectores tradicionales (metalurgia, manufactura, etc.) pasan a un segundo término, ocupando su lugar la informática, la electrónica, la robótica, las telecomunicaciones, los materiales nuevos, la biotecnologiá; se crean nuevas industrias que giran alrededor del empelo del tiempo dedicado al ocio (en particular el turismo); la cultura por su parte también se vuelve una industria y, como tal, se ve sometida a los imperativos de la mercadotecnia. Dentro de este contexto desempefian un papel dominante las empresas multinacionales, así como la transnacionalización de los capitales a través del sistema financiero.
El centro de las actividades de punta propendo a desplazarse hacia el Pacífico (aunque los cambios ocurridos en los países del Este europeo pueden alterar esta tendencia). Se opta por llevar la industria pesada y contaminante a los países periféricos, utilizándolos asimismo para la industria maquiladora con el.fin de aprovechar una mano de obra barata, cuya formación y obsolescencia no cuesta a las empresas maquiladoras; industrias que por lo demás explotan materias primas, energía e infraestructura del país donde se instalan.
Hay que agregar que las estrategias de los sectores financieros y de las industrias transnacionales no son iguales y obedecen a intereses distintos y por ello tienen repercusiones diferentes sobre los países periféricos: los financieros buscan ganancias a corto plazo, mientras que las industrias transnacionales, sin desdeflar la ganancia inmediata, pueden planear inversiones a largo plazo.
El poder que las agencias internacionales (FMI y Banco Mundial) y las firmas multinacionales ejercen sobre el Estado-nación van a modificar la gestión que este último venía desempetiando sobre lo económico y lo social; su autonomía se ve limitada tendiendo cada vez más a volverse mero adminsitrador del territorio nacional y de las relaciones sociales de producción para las empresas y poderes transnacionales. Sin embargo, mantiene la dirección (y el control) de lo social y lo cotidiano, en forma directa (reglamentos, leyes, prhibiciones múltiples, etc.) o indirecta (fisco, sistema de justicia, orientación ideológica a través de los medios de comunicación). Las fronteras nacionales se quebrantan y la identidad nacional se diluye. Las transnacionales se organizan en redes corporativas (net work corporations) a la vez que las naciones tienden a integrarse regionalmente en mercados comunes (Mercomún europeo; EU-Canadá; Japón y ciertos países asiáficos).
Se trata de un nuevo orden mundial cuyos centros de decisión se rodean de opacidad y secreto, de la planetarización M mundo de la mercancía que se impone aplastando y/o recuperando todo lo que se le resiste a través de un esquema organizativo de carácter general, que tiende a la homogeneización (por medio de la ley, del derecho, del poder, de la mercancía, de modelos impuestos), a la fragmentación (parcelación del tiempo, del espacio, del trabajo, de las especializaciones), a la jerarquización (lo homogéneo encubre y contiene a lo fragmentario, que es organizado en una estricta jerarquía).
Lo mundial se caracteriza por su enorme complejidad, en la que interfieren y convergen flujos y corrientes de mercados de capitales, materias primas, energía, mano de obra, técnicas, productos terminados, obras de arte, símbolos, signos e información. La información (producto inmaterial, a la vez abstracto y concreto) se vuelve una mercancía privilegiada, igual que los servicios.
Lo social es aplastado y se ve sometido a un orden (control) interno que ejerce el Estado y en el que puede existir.un cierto margen de tolerancia respecto al comportamiento individual, a condición de que las relaciones de fuerza esenciales no se alteren. De igual manera, la participación es tolerada e incluso estimulada, pero solamente si no rebasa ciertos límites sobre los cuales no se cede, que encubren la realidad. profunda del poder, a saber: la vigilancia de la sociedad justificada por la necesidad de seguridad interna y externa; por lo demás, un sistema de información computarizada eficaz y sin fallas garantiza el control sociaI. Sin embargo, esta vigilancia se ejerce de manera suave y poco perceptible, por lo que los ciudadanos rara vez son conscientes de ella. La sociedad, por lo general, reacciona pasivamente, impotente frente a mecanismos de control tan complejos.
Ahora bien, esta crisis que pareciera volverse permanente se acompaña de profundas y aceleradas transformaciones que podrían marcar el inicio de una nueva época, cuyos rasgos empiezan a precisarse en la década de los 80. Los nombres para designarla varían: sociedad posmoderna; de consumo; del productivismo y la tecnocracia; posindustrial; del neocapitalismo; informacional; cibernética; "nuevo orden mundial", etc.
Esta nueva etapa a la vez que prolonga modifica intensamente lo que H. Lefebvre denomina modernidad, dando lugar a lo que él mismo llama lo mundial. Aunque cabe preguntarse silo que este autor percibióy denominó modernidad fue solamente el preámbulo (transcurso en el que se fueron acumulando los elementos nuevos) a la nueva realidad (la modernidad devenida mundial) que se manifiesta de manera evidente desde los 80 en los países centrales y que, parece, anuncia el panorama del siglo XXI.
La nueva realidad se presenta como un sistema de alcance planetario (global y totalmente interdependiente) que conlleva una nueva división del trabajo, que mantiene e incluso agrava las desigualdades, y en la que se produce una relación jerarquizada de explotación y dominio entre países centrales (hegemónicos), sede de los poderes políticos transnacionales, y los países periféricos (subordinados), también llamados subdesarrollados o del tercer mundo. Los primeros toman la decisiones fundamentales a través de estrategias que se ejercen sobre los segundos, a corto, mediano y largo plazo; estos últimos, constreñidos por la crisis, la deuda y la forzosa dependencia económica, deben tomar a éstas en cuenta para formular y ejecutar sus planes de gobierno.
Hay que señalar que la división entre centro (hegemónico) y periferia (subordinada) no se da solamenteentre países, sino también entre regiones, clases y grupos sociales; es así como en el seno de los países centrales se observan regiones periféricas y marginadas, lo mismo sucede en el espacio de las grandes ciudades y con ciertos grupos sociales abandonados a su suerte. En sentido inverso, en los países periféricos (subordinados) se advierten islotes de riqueza, poder y consumo análogos a los que se encuentran en los países centrales.
Hemos dicho que el nuevo orden se define por su mundialización e interacción, donde todo depende de todo. El acelerado desarrollo técnico que lo caracteriza genera cambios profundos: el automóvil deja de ser eje de las actividades productivas; los sectores tradicionales (metalurgia, manufactura, etc.) pasan a un segundo término, ocupando su lugar la informática, la electrónica, la robótica, las telecomunicaciones, los materiales nuevos, la biotecnologiá; se crean nuevas industrias que giran alrededor del empelo del tiempo dedicado al ocio (en particular el turismo); la cultura por su parte también se vuelve una industria y, como tal, se ve sometida a los imperativos de la mercadotecnia. Dentro de este contexto desempefian un papel dominante las empresas multinacionales, así como la transnacionalización de los capitales a través del sistema financiero.
El centro de las actividades de punta propendo a desplazarse hacia el Pacífico (aunque los cambios ocurridos en los países del Este europeo pueden alterar esta tendencia). Se opta por llevar la industria pesada y contaminante a los países periféricos, utilizándolos asimismo para la industria maquiladora con el.fin de aprovechar una mano de obra barata, cuya formación y obsolescencia no cuesta a las empresas maquiladoras; industrias que por lo demás explotan materias primas, energía e infraestructura del país donde se instalan.
Hay que agregar que las estrategias de los sectores financieros y de las industrias transnacionales no son iguales y obedecen a intereses distintos y por ello tienen repercusiones diferentes sobre los países periféricos: los financieros buscan ganancias a corto plazo, mientras que las industrias transnacionales, sin desdeflar la ganancia inmediata, pueden planear inversiones a largo plazo.
El poder que las agencias internacionales (FMI y Banco Mundial) y las firmas multinacionales ejercen sobre el Estado-nación van a modificar la gestión que este último venía desempetiando sobre lo económico y lo social; su autonomía se ve limitada tendiendo cada vez más a volverse mero adminsitrador del territorio nacional y de las relaciones sociales de producción para las empresas y poderes transnacionales. Sin embargo, mantiene la dirección (y el control) de lo social y lo cotidiano, en forma directa (reglamentos, leyes, prhibiciones múltiples, etc.) o indirecta (fisco, sistema de justicia, orientación ideológica a través de los medios de comunicación). Las fronteras nacionales se quebrantan y la identidad nacional se diluye. Las transnacionales se organizan en redes corporativas (net work corporations) a la vez que las naciones tienden a integrarse regionalmente en mercados comunes (Mercomún europeo; EU-Canadá; Japón y ciertos países asiáficos).
Se trata de un nuevo orden mundial cuyos centros de decisión se rodean de opacidad y secreto, de la planetarización M mundo de la mercancía que se impone aplastando y/o recuperando todo lo que se le resiste a través de un esquema organizativo de carácter general, que tiende a la homogeneización (por medio de la ley, del derecho, del poder, de la mercancía, de modelos impuestos), a la fragmentación (parcelación del tiempo, del espacio, del trabajo, de las especializaciones), a la jerarquización (lo homogéneo encubre y contiene a lo fragmentario, que es organizado en una estricta jerarquía).
Lo mundial se caracteriza por su enorme complejidad, en la que interfieren y convergen flujos y corrientes de mercados de capitales, materias primas, energía, mano de obra, técnicas, productos terminados, obras de arte, símbolos, signos e información. La información (producto inmaterial, a la vez abstracto y concreto) se vuelve una mercancía privilegiada, igual que los servicios.
Lo social es aplastado y se ve sometido a un orden (control) interno que ejerce el Estado y en el que puede existir.un cierto margen de tolerancia respecto al comportamiento individual, a condición de que las relaciones de fuerza esenciales no se alteren. De igual manera, la participación es tolerada e incluso estimulada, pero solamente si no rebasa ciertos límites sobre los cuales no se cede, que encubren la realidad. profunda del poder, a saber: la vigilancia de la sociedad justificada por la necesidad de seguridad interna y externa; por lo demás, un sistema de información computarizada eficaz y sin fallas garantiza el control sociaI. Sin embargo, esta vigilancia se ejerce de manera suave y poco perceptible, por lo que los ciudadanos rara vez son conscientes de ella. La sociedad, por lo general, reacciona pasivamente, impotente frente a mecanismos de control tan complejos.
Efectos perversos de la modernidad
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Cultura Juvenil
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8:28
La fuerza ideológica de la modernidad legitimada por el mito del progreso indefinido hace que sólo se vean los aspectos positivos de este proceso (en particular el desarrollo técnico) y se olviden sus efectos negativos: el carácter despótico que reviste la imposición del mercado mundial (cuyos efectos padecen de manera dramática los pueblos del tercer mundo), el emprobrecimiento de las relaciones humanas que conlleva, donde priva el aislamiento, la soledad, la sensación de malestar difuso, de miedo, de inseguridad. El ser humano vive enajenado (el poder de lo económec), de lo político, de lo técnico se autonomiza, se fetichiza y aplasta al individuo). El desarrollo se vuelve también destructivo (armamento nuclear, devastación ecológica), Las estrategias que organizan, modelan (manipulan) lo social y lo cotidiano, restringen la libertad individual y la participación democrática (autónoma y consciente).
Junto a Lefebvre otros autores advierten también sobre los efectos negativos que se desprenden de esta nueva realidad. Jean Chesnaux --que define a la estructura general de la sociedad contemporánea, como "sistema" que se caracteriza por "la original combinación de dos globalidades, aquella que denunciaba Sartre y aquélla con la que sollaba Saint-Simon. Por un lado la 'serialización' de los seres ( ... ) la reducción a un modelo único de vida mediocre. Por el otro, el planeta 'cableado', la interdependencia unviersal de las economías, de las redes de comunicación y de las estructuras político-sociales, el despotismo del mercado mundial". señala como, de los elementos que conforman a la modernidad, se derivan 13 efectos perversos:
Las normas: Cada producto, cada situación, cada comportamiento está determinado por normas que son definidas de acuerdo a datos cuantitativos y, por ende, controlables; mediante ellas terminan por imponerse modelos homogeneizantes que reducen a su mínima expresión las diferencias; en consecuencia, lo que se singulariza, lo que es diferente se vuelve molesto o incluso sospechoso.
Los flujos y circuitos: Hay flujos de productos, circuitos comerciales, "cableado" de las relaciones sociales; en ellos los itinerarios son previamente programados y obligatorios (por ejemplo, la organización de circuitos turísticos, mediante la cual se aplasta la realidad profunda de lugares, pesonas, objetos), La programación hace desaparecer lo espontáneo, lo inesperado.
Los códigos sociales: No constituyen solamente un sistema de signos sociales precisos y directos sino que poco a poco han ido reemplazando a la realidad, transformándose en intermediaciones oblígatorias para toda actividad social y personal.
Prótesis: Intermediarios (instrumentos técnicos) que terminan por eliminar el contacto humano, además operan mediante una reducción funcional que suprime toda apertura hacia lo imaginario.
Lo efímero e instantáneo: Los productos se vuelven rápidamente obsoletos, desechables; de igual manera el saber, antes acumulable, se recicla constantemente.
Capilaridad: El tejido social se vuelve cada vez más poroso, las innovaciones técnicas se difunden en él de manera vertiginosa, ejerciendo un poder anestesiante; la mediocridad impera sobre la vida cotidiana.
La desterritorialización: Cuanto más moderna es una actividad, más se disocia de su contexto natural y social (ejecutivos de transnacionales, profesores, asistentes técnicos e incluso la fuerza de trabajo se "deslocalizan"; a través de la maquila sucede lo mismo con el producto fabricado).
Gigantismo tecnológico: Grandes centros urbanos, emporios petroleros, imperios económicos (IBM), supermercados, centrales atómicas, etc., se imponen tanto al trabajador como al usuario. Si por una parte el gigantismo no sólo obedece a lasexigencias de una economía de escala sino que también sirve para afirmar el poder M Estado y de lo económico, por otra ofrece riesgos mayores por su desmesura; en caso de "disfunción" los daños son más grandes, lo que obliga a acrecentar controles y restricciones.
La violencia: Ominipresente, amenaza a los individuos; por su parte los medios de comunicación masiva la difunden con placer; el miedo y la inseguridad se vuelven fenómenos de masa.
La opacidad: Cuanto más invaden el tejido social los flujos y circuitos, más se busca disimularlos; la opacidad y el secreto provienen de la sofisticación extrema de la técnica. Poco se sabe de los puestos y estructuras de observación, análisis, control, decisión existentes en sectores clavew. industrias de punta, energéticos, transporte. Frente a esto los usuarios se encuentran en una relación de dependencia pasiva, reducidos a la impotencia ante la complejidad de tales mecanismos.
La programación dirigida: La organización de los procesos colectivos y de las actividades sociales reducen (restringen) a modelos determinados hasta las opciones más personales. Esta operación no se lleva a cabo al estilo "Gulag" (coerción directa), sino por incitación sutil, a través dell efecto que ejerce el modelo, la inercia social; su resultado es una alienación de las conductas colectivas.
La mercantilización: Todo so compra, todo se vende, hay que pagar por todo. La esfera de llas actividades personales (libres y responsables) se reduce a medida que se ampifa la esfera de la mercantilización.
La contraproductividad regresiva: Cuanto más eficaces son un equipo y una técnica dentro de un sector específico, más efectos negativos produce sobre el conjunto que actúa. Surgen problemas por la complejdad de su mantenimiento; además coacciones y restricciones en cadena que vuelven gravosa la gestión.
Para terminar podemosseñallar quea partir dell siglo XVIII el racionalismo ha sido el elemento básico de la modernidad: conocer racionalmente la realidad y modelarla conforme al racíocionio ha servido de punto de partida a la sociedad y civilizaicón modernas, a la conquistas científicas y téncicas. Desde entonces el logos occidental curocentrista ha propuesto al racionalismo como fundamento universal de la ciencia, de la moral, del derecho, del Estado.
La racionalidad, surgida de la práctica burguesa, acompaña a ésta en su ascenso y apogeo. Aunque constituye un pensamiento subversivo en los siglos XVI y XVII, a partir dell siglo XVIII es aceptado e integrado, sirve de base al desarrollo técnico y científico de la civilización moderna y a la creencia en el permanente ascenso del género humano (ideología del progreso).
Los enciclopedistas presintieron que la conexión entre la industria y la ciencia por medio de la técnica iba a fortalecer la actividad productiva. Sin embargo, lo que no pudieron advertir es que el hombre se iba a enajenar posteriormente a su productos técnicos racionales y que datos terminarían incluso por amenazar con destruirlo. El racionalismo devenido, realizado como razón capitalista, puede volverse irracional. A partir de una racionalidad técnica, lo irracional amaga con someter al hombre, con dominarlo: los proyectos de dirección cibernética de la sociedad, las ideologías consumistas, la amenaza nuclear, la destrucción ecológica, el control que el Estado y los poderes supranacionales ejercen sobre la sociedad son, entre otros, productos de esa racionalidad que se vuelve contra el hombre. La modernidad y lo mundial se debaten en medio de estos problemas.
Junto a Lefebvre otros autores advierten también sobre los efectos negativos que se desprenden de esta nueva realidad. Jean Chesnaux --que define a la estructura general de la sociedad contemporánea, como "sistema" que se caracteriza por "la original combinación de dos globalidades, aquella que denunciaba Sartre y aquélla con la que sollaba Saint-Simon. Por un lado la 'serialización' de los seres ( ... ) la reducción a un modelo único de vida mediocre. Por el otro, el planeta 'cableado', la interdependencia unviersal de las economías, de las redes de comunicación y de las estructuras político-sociales, el despotismo del mercado mundial". señala como, de los elementos que conforman a la modernidad, se derivan 13 efectos perversos:
Las normas: Cada producto, cada situación, cada comportamiento está determinado por normas que son definidas de acuerdo a datos cuantitativos y, por ende, controlables; mediante ellas terminan por imponerse modelos homogeneizantes que reducen a su mínima expresión las diferencias; en consecuencia, lo que se singulariza, lo que es diferente se vuelve molesto o incluso sospechoso.
Los flujos y circuitos: Hay flujos de productos, circuitos comerciales, "cableado" de las relaciones sociales; en ellos los itinerarios son previamente programados y obligatorios (por ejemplo, la organización de circuitos turísticos, mediante la cual se aplasta la realidad profunda de lugares, pesonas, objetos), La programación hace desaparecer lo espontáneo, lo inesperado.
Los códigos sociales: No constituyen solamente un sistema de signos sociales precisos y directos sino que poco a poco han ido reemplazando a la realidad, transformándose en intermediaciones oblígatorias para toda actividad social y personal.
Prótesis: Intermediarios (instrumentos técnicos) que terminan por eliminar el contacto humano, además operan mediante una reducción funcional que suprime toda apertura hacia lo imaginario.
Lo efímero e instantáneo: Los productos se vuelven rápidamente obsoletos, desechables; de igual manera el saber, antes acumulable, se recicla constantemente.
Capilaridad: El tejido social se vuelve cada vez más poroso, las innovaciones técnicas se difunden en él de manera vertiginosa, ejerciendo un poder anestesiante; la mediocridad impera sobre la vida cotidiana.
La desterritorialización: Cuanto más moderna es una actividad, más se disocia de su contexto natural y social (ejecutivos de transnacionales, profesores, asistentes técnicos e incluso la fuerza de trabajo se "deslocalizan"; a través de la maquila sucede lo mismo con el producto fabricado).
Gigantismo tecnológico: Grandes centros urbanos, emporios petroleros, imperios económicos (IBM), supermercados, centrales atómicas, etc., se imponen tanto al trabajador como al usuario. Si por una parte el gigantismo no sólo obedece a lasexigencias de una economía de escala sino que también sirve para afirmar el poder M Estado y de lo económico, por otra ofrece riesgos mayores por su desmesura; en caso de "disfunción" los daños son más grandes, lo que obliga a acrecentar controles y restricciones.
La violencia: Ominipresente, amenaza a los individuos; por su parte los medios de comunicación masiva la difunden con placer; el miedo y la inseguridad se vuelven fenómenos de masa.
La opacidad: Cuanto más invaden el tejido social los flujos y circuitos, más se busca disimularlos; la opacidad y el secreto provienen de la sofisticación extrema de la técnica. Poco se sabe de los puestos y estructuras de observación, análisis, control, decisión existentes en sectores clavew. industrias de punta, energéticos, transporte. Frente a esto los usuarios se encuentran en una relación de dependencia pasiva, reducidos a la impotencia ante la complejidad de tales mecanismos.
La programación dirigida: La organización de los procesos colectivos y de las actividades sociales reducen (restringen) a modelos determinados hasta las opciones más personales. Esta operación no se lleva a cabo al estilo "Gulag" (coerción directa), sino por incitación sutil, a través dell efecto que ejerce el modelo, la inercia social; su resultado es una alienación de las conductas colectivas.
La mercantilización: Todo so compra, todo se vende, hay que pagar por todo. La esfera de llas actividades personales (libres y responsables) se reduce a medida que se ampifa la esfera de la mercantilización.
La contraproductividad regresiva: Cuanto más eficaces son un equipo y una técnica dentro de un sector específico, más efectos negativos produce sobre el conjunto que actúa. Surgen problemas por la complejdad de su mantenimiento; además coacciones y restricciones en cadena que vuelven gravosa la gestión.
Para terminar podemosseñallar quea partir dell siglo XVIII el racionalismo ha sido el elemento básico de la modernidad: conocer racionalmente la realidad y modelarla conforme al racíocionio ha servido de punto de partida a la sociedad y civilizaicón modernas, a la conquistas científicas y téncicas. Desde entonces el logos occidental curocentrista ha propuesto al racionalismo como fundamento universal de la ciencia, de la moral, del derecho, del Estado.
La racionalidad, surgida de la práctica burguesa, acompaña a ésta en su ascenso y apogeo. Aunque constituye un pensamiento subversivo en los siglos XVI y XVII, a partir dell siglo XVIII es aceptado e integrado, sirve de base al desarrollo técnico y científico de la civilización moderna y a la creencia en el permanente ascenso del género humano (ideología del progreso).
Los enciclopedistas presintieron que la conexión entre la industria y la ciencia por medio de la técnica iba a fortalecer la actividad productiva. Sin embargo, lo que no pudieron advertir es que el hombre se iba a enajenar posteriormente a su productos técnicos racionales y que datos terminarían incluso por amenazar con destruirlo. El racionalismo devenido, realizado como razón capitalista, puede volverse irracional. A partir de una racionalidad técnica, lo irracional amaga con someter al hombre, con dominarlo: los proyectos de dirección cibernética de la sociedad, las ideologías consumistas, la amenaza nuclear, la destrucción ecológica, el control que el Estado y los poderes supranacionales ejercen sobre la sociedad son, entre otros, productos de esa racionalidad que se vuelve contra el hombre. La modernidad y lo mundial se debaten en medio de estos problemas.
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